Todo el mundo te dice siempre que el amor que sientes al ser madre es diferente a cualquier otro tipo de amor.
Puedes amar a tu pareja, puedes chiflarte por tus sobrinos, puedes querer alguna amiga o amigo o idolatrar algún familliar... pero tienen razón, lo que sientes al ser madre es totalmente diferente.
Es un amor incondicional. Es un amor que no tiene límites y que crece día a día. Es un amor que a veces puede parecer enfermizo. Es como una pequeña droga que cada día necesitas tu dosis.
Laia es mi pequeña adicción. Y estoy segura que cuando nazca Aleix será igual o peor, de hecho, me va dando pataditas mientras escribo esto para que yo sepa que él también quiere ser parte de esa adicción.
Con mi hija me pasó algo que no había experimentado nunca, a parte de sentir un amor que no cabía en mí, un sentido de posesión y adicción que no podía controlar. La posesión fue instantanea, la adicción ha ido creciendo a medida que ella crecía.
En breve tendré que estar hospitalizada por el nacimiento de Aleix y lo que más me preocupa, a parte de que con Aleix salga todo bien, es no poder estar con Laia cada tarde y cada noche hasta que vuelva a casa.
¿Qué haré sin mi droga que corretea parloteando? No verla venir corriendo y gritando cuando voy a recogerla a la guardería, no verla como le explica cosas a sus muñecos, no ver como pinta con esa carita de concentrada, no oirla reirse con su padre cuando le hace cosquillas, no ver como se acurruca a mi lado para dormirse, no tener su manita buscando tocarme para relajarse, no verla dormir... ya sé que me direis, "tendrás suficiente con Aleix en sus primeros días"... pero yo quiero tenerla conmigo. De hecho quiero tener a los tres conmigo: Laia, Aleix y Xavi.
¿Creeis que me dejarían tenerlos a todos en el hospital?
¡Yo creo que cabemos en la habitación!
No hay comentarios:
Publicar un comentario